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Entrevista a Isabel Campón

«Mi obra es siempre materia pensada sobre la que necesito dejar impreso mi universo. Trabajo en ellas hasta que el corazón se convierte en una casa habitada»

Formada en la ciudad de Cáceres en Historia del Arte por la Universidad de Extremadura y, después, especializada en escultura, pintura y cerámica en la Escuela de Bellas Artes Eulogio Blasco, Isabel Campón cuenta con una larga trayectoria artística donde, desde un punto de vista artesanal, ha desarrollado sus trabajos de una forma personal, reflexiva y experimental, inspirándose en la literatura y la temática social. Isabel Campón ha sido partícipe de numerosas exposiciones, tanto individuales como colectivas, algunas de las más recientes Contenedores de Silencio (2015) en el Palacio de La Isla de Cáceres; en el Centro Hispanoamericano de Cultura de La Habana (2018) o Pudimos ser nosotros (2019) en la Sala de Arte El Brocense de Cáceres; además, ha recibido diversos premios y ha sido seleccionada en certámenes como el premio-adquisición en el Certamen de Artes Plásticas Sala El Brocense (2016) o las Ayudas a Artistas Visuales de la Junta de Extremadura en 2018.

Te formaste en la Universidad de Extremadura como historiadora del arte y, más tarde, estudiaste cerámica, grabado y escultura en la Escuela de Bellas Artes Eulogio Blasco de Cáceres, ¿qué te llevó a cambiar la historia por las bellas artes?

Antes de comenzar los estudios universitarios, desde que era pequeña, ya había tomado contacto con la pintura y el dibujo. Mi primer cuadro lo realicé cuando tenía doce años sobre un trozo de cristal con pintura al óleo. Aunque no tengo conciencia de mis primeros dibujos, sí recuerdo haberlos utilizado como un medio de expresión. También recuerdo haber usado cualquier superficie como soporte. Bastaba coger un lápiz para poder abstraerme. Después de muchos años, descubrí la Escuela de Bellas Artes de Cáceres, donde he aprendido cerámica, grabado y el medio en el que principalmente me muevo ahora, la escultura.

Cuando me matriculé por primera vez en la Universidad, lo hice con la intención de realizar los estudios de Antropología, pero mientras esperaba en la fila de secretaría vi, en la lista de licenciaturas que se podían cursar, Historia del Arte. No dudé, cambié de idea, y estoy muy satisfecha de haberlo hecho así. El conocimiento adquirido ha cambiado el sentido de algunas de mis obras, ha modificado su punto de vista conceptual, y me ha enseñado a ver el arte de una manera muy diferente. De todos modos hay decisiones que no dependen de uno mismo, ya que son las circunstancias las que te dirigen hacia un lugar u otro y, aunque la labor docente me apasiona (me he dedicado a ella durante muchos años), esto no me ha impedido compatibilizar la enseñanza con la producción de obra. Pienso que si hubiera tenido que elegir habría optado por la segunda opción, pero de una manera o de otra las dos me han ayudado a sobrevivir, física y espiritualmente.

Interrogación en el espacio (2003). Monotipo

A veces no es uno mismo quien elige los caminos, sino los caminos los que te eligen a ti, pero no me arrepiento de las decisiones que he tomado, pues en su momento permanecer en mi ámbito cultural me pareció adecuado.

Completaste tu formación en el ámbito extremeño, pero muchos trabajos posteriores los has desarrollado en Barcelona, Portugal e, incluso La Habana en 2018, ¿cómo surgieron estos proyectos?

He tenido la gran suerte de ser premiada con una de las Ayudas a Artistas Visuales de la Junta de Extremadura en 2018. Gracias a la cuantía económica recibida he podido realizar obras de formatos más grandes, trabajar con materiales y soportes que de otro modo no habrían sido posibles. Ha sido un año muy duro, de mucho trabajo, pero ha merecido la pena. El esfuerzo ha culminado con la exposición Pudimos ser nosotros en la Sala El Brocense de Cáceres. La respuesta del público ha sido muy gratificante, ya que ha contado con un gran número de visitas y las críticas han sido muy buenas. Incluso se han llevado a cabo lecturas poéticas y performances (además de la performance inaugural de Marisol Verde Chueca), creadas por autores como Vicente Rodríguez Lázaro y Víctor Jiménez Andrada, en la propia sala de exposiciones ante un público de jóvenes y adultos. Antes de la exposición mi trabajo había sido reconocido tanto en certámenes y premios como en diferentes proyectos expositivos, algunos colectivos y otros individuales. En cuanto a la proyección de la obra fuera de Extremadura, cuando me ofrecieron salir fuera así lo hice. La última exposición en el Centro Cultural de La Habana fue comisariada por el artista Felipe Alarcón Echenique, quién seleccionó dos de mis obras para que viajaran junto a las de otros artistas extremeños. A veces no es uno mismo quien elige los caminos, sino los caminos los que te eligen a ti, pero no me arrepiento de las decisiones que he tomado, pues en su momento permanecer en mi ámbito cultural me pareció adecuado. Con el espacio en el que te mueves pasa como con el tamaño de los formatos que utilizas: comienzas rellenando superficies pequeñas y la experiencia te va marcando la amplitud que deben ir tomando las obras. A veces una obra de pequeño formato puede percibirse, también, desde un enfoque que va más allá de tu contexto cultural y vital. 

 El silencio nos ha sido dado (2013). Exaduro.

Utilizas materiales tradicionales como la madera, la cerámica, el barro e, incluso, el pan de oro, pero con una visión experimental, ¿podrías contarnos algunas claves o procesos a la hora de realizar tus obras?

La clave es, sobre todo, el conocimiento tanto de técnicas como de materiales. La información te conduce a realizar tu trabajo con mayor seguridad y perfecionamiento. Soy muy exigente, en especial conmigo misma, y necesito llegar al fondo de las cosas. Me gusta experimentar y conocer las posibilidades de cada uno de los materiales que tengo a mi alcance. No suelo utilizar boceto. Surge una idea y comienzo a trabajar sobre ella, lo que me permite modificar la obra durante el proceso. Siempre me apoyo en un gran número de lecturas que me conducen a emprender una obra desde una perspectiva u otra. Detrás de Pudimos ser nosotros, mi última exposición, ha habido muchas lecturas sobre el mundo árabe, de poesía antigua y contemporánea; también sobre el sufismo (para el sufí la vía mística significa la transformación de las cualidades de la materia para que mute en una realidad trascendente) y sobre el arte japonés. Todas las lecturas han influido en mi modo de comprender el mundo y mi trabajo, y me han llevado a adaptar las obras a los cambios de pensamiento que han ido surgiendo. En cuanto al proceso, una vez madurada la idea, valoro el material que me conviene utilizar según el momento, y después desarrollo sus posibilidades hasta agotarlas. Esta es la razón que me lleva a trabajar por series, a utilizar en mi trabajo la repetición y las variaciones, hasta que surge una nueva idea que hace que mis pensamientos se dirijan hacia otro lugar.

Guardaos de escupir contra el viento (2018). Porcelana y alambre de alpaca

Tu obra ha sido definida como “esculto-cerámica” o “escultura-objeto”, pero ¿cómo te definirías tú como artista?

Es fundamental realizar una previa labor de archivo antes de comenzar a desarrollar un proyecto. En esta última exposición necesitaba apoyarme en la levedad del material (porcelana, alambre, metacrilato) para conseguir que las obras aparecieran en el espacio sin ocupar apenas un lugar. Quería que parte de las obras materiales cedieran su presencia a las fotografías, ya que estas contenían el suficiente peso visual y eran capaces de hablar por ellas mismas. He querido convertir a los personajes en iconos a través del objeto que muestran en sus manos. La carga dramática y más intimista la guardé para la parte textual de la exposición, los poemas, que posteriormente han sido destruidos por el propio visitante mediante una trituradora de papel ubicada en la sala de exposiciones. Tambien he utilizado el vídeo y la performance como aportación a un conjunto de ideas que podían ir juntas sin abrir fisuras entre ellas.

Las cenizas nos dirán qué significa nuestro mundo (2019). Trituradora y fotografías sobre papel

El término “esculto-cerámica” no me gusta, ya que pretende eliminar de la cerámica su concepción artesanal, y en el tiempo en que nos movemos podemos hablar de la gran diferencia que existe entre una pieza de cerámica artesanal y piezas de cerámica contemporánea que pueden ser consideradas como auténticas obras de arte. Soy consciente de la hibridación de los conceptos pero considero que la escultura habla por sí misma independientemente del material que se utilice para realizarla y del proceso, sin menospreciar ninguna de ellas. 

Me preguntas que me defina como artista, pero soy incapaz de hacerlo. Creo que ese término corresponde siempre aplicarlo a los demás, a su capacidad de valorar lo que son capaces de ver o de sentir con cada una de tus obras. Sí puedo decir que, aunque en ocasiones utilice barro, es siempre materia pensada sobre la que necesito dejar impreso mi universo personal. Y que trabajo en ellas hasta que el corazón se convierte, en las obras, en una casa habitada. 

Desde la soledad del otro (2018). Porcelana y acrílico. 5 x 100 cm

En tu trabajo también destacan otras disciplinas como la fotografía, la poesía o el diseño de escenografía y vestuario, ¿podrías contarnos un poco más sobre esta faceta?

Solamente la gente que me conoce bien sabe que la literatura ha sido siempre una constante en mi vida, aunque no he querido ni he tenido la intención de hacerlo público. Necesitaba reservar ese espacio personal y sentirlo como algo que me pertenecía plenamente. Pero lo cierto es que desde que era pequeña he escrito cuentos, relatos, poemas… Muchos de ellos los he guardado de manera celosa, y otros, pasado el tiempo, los he destruido. Cuando comencé el proyecto Pudimos ser Nosotros sentí la necesidad de utilizar no solo las manos, sino también la palabra. Creo que en la exposición tanto las obras como los textos (los títulos han sido muy importantes y esclarecedores, han sido fundamentales y no podría disociarlos de las piezas) se han complementado. La exposición contenía una pieza que era un libro de artista, y de este modo he hecho público, por primera vez, algunos de los textos escritos. 

Con la escenografía he vuelto, en cierto modo a la pintura. Tanto en La casa de Bernarda Albacomo en Maese Pérez el Organista, ambas representadas, entre otros lugares, en el Teatro Maltravieso Capitol, intenté crear cuadros escénicos. El diseño del vestuario en estas y otras piezas teatrales ha supuesto para mí una oportunidad más de experimentación: he utilizado incluso el papel, de una manera semejante a algunas corrientes de moda actual. Mi trabajo en el contexto del teatro lo he vivido, también, como una labor de creación. Dedicarle tiempo a otra faceta artística me ha producido mucha satisfación.

La fotografía era un reto que tenía pendiente. Hasta ahora no la había usado nunca como medio de expresión. No ha sido mi intención, al menos en este momento, realizar fotos extraordinarias. Como dice Gervasio Sánchez, a veces hay que elegir entre hacer una buena foto y contar una historia. En eso consistía mi trabajo en el proyecto Pudimos ser nosotros, no tanto en la creación de imágenes técnicamente perfectas, sino en contar una historia, pese a las imperfecciones que puedan existir desde un punto de vista académico. En las diferentes fotos que componen el proyecto la intesidad convierte la calidad de la imagen en algo secundario. 

Pudimos ser nosotros (2019). Impresión fotográfica sobre dibond. 50 x 50 cm

Me conmueven los temas sociales, sobre todo si llevan implícita una gran carga de injusticia. Es entonces cuando necesito hablar de ello y pronunciarme a través del arte para denunciarlo.

La temática social de actualidad –como la guerra o los refugiados– son puntos clave en el desarrollo de tu trabajo, que interpretas con obras de gran delicadeza y respeto, ¿qué efecto u objetivo buscas transmitir al espectador?

¡Claro! Así surgió el proyecto. Me invitaron a participar en unas lecturas poéticas sobre los refugiados y fue entonces cuando escribí el primer poema y comencé a trabajar en la primera obra, que lleva por título El sueño de un escarabajo. Esta pieza ha sido expuesta recientemente en la Asamblea de Extremadura. Acerca de las razones por las que elegí esa temática, no sabría explicarlo. Me conmueven los temas sociales, sobre todo si llevan implícita una gran carga de injusticia. Es entonces cuando necesito hablar de ello y pronunciarme a través del arte para denunciarlo. Cuando hago una obra no me planteo nunca el efecto que va a producir en el espectador. Simplemente necesito hablar de emociones, de las historias que me rodean y de las cosas. Necesito hablar del sentimiento que producen en mí. Tengo la necesidad de contarlo, con palabras o sin ellas. Decía Juan Muñoz que, una vez terminada la obra, debemos observarla desde un abismo. Creo que tiene razón, pues deja de pertenecernos y pasa a formar parte de otra vida, de muchas vidas. Nunca entra dentro de mis pretensiones marcar de antemano ningún significado, ningún objetivo. Sí intento tratar los temas de manera respetuosa y mostrar su lado amable. Intentar, desde la belleza, reparar heridas.

La soledad del agua (2019). Metacrilato, agua y pan de oro / Quiero un nombre para mi madre (2019). Proyección de video (1′)

Has participado recientemente en la exposición colectiva “El feminismo, nuestra cultura” (2019), ¿cuál es tu visión sobre el protagonismo de la mujer en el arte actualmente? ¿qué artistas femeninas han influenciado tu obra?

Como es sabido, el protagonismo de la mujer ha sido silenciado en la Historia del Arte, llegando a ser practicamente nulo. La mujer ha sido, históricamente, sobre todo modelo y musa. Renoir dijo que “la mujer artista es sencillamente ridícula”. Pese a los avances aparentes en la igualdad entre hombres y mujeres, aún debemos fijarnos en las cifras. Algunos de los museos de arte contemporáneo más importantes de nuestro país poseen una representación muy pequeña de obras realizadas por mujeres. Este año el Museo del Prado ha dedicado por primera vez una exposición a una mujer, Clara Peeters, una pintora flamenca barroca que rompió con la política anterior. Debemos escuchar a artistas tan importantes como Esther Ferrer, Cristina Iglesias o Carmen Herrera, entre otras muchas. Al mismo tiempo, pienso que no deberíamos hacer distinción entre arte masculino y femenino. Lo considero innecesario. Mis fuentes de inspiración son muchas, tanto de artistas hombres como de artistas mujeres, no tengo referencias explícitas a otros artistas, a pesar de que muchos me influyen. Pero destacaría más como fuente de inspiración las palabras, las miradas, los gestos, lo propiamente humano, la injusticia social. En especial focalizo mi mirada sobre los niños, sobre su manera de comportarse, de alegrarse, de afrontar el sufrimiento. Siempre quiero captar la autenticidad. Aunque no imite en mis obras lo que veo, intento traducir esa autenticidad a través de lenguajes abstractos.   

En deuda con el aire (2016). Exaduro

El color de la cerámica sin intervenir, los malvas o los ocres han estado presentes siempre en tus piezas, ¿qué importancia o significado tienen para ti estos colores?

“Toda mi existencia se convierte en un solo ojo”, dice Ibn Arabi, y desde una visión muy particular, el malva lo asocio a lo espiritual y siento la necesidad de retenerlo, de plasmarlo en la obra para dotarla de un sentido poético que, sin el mismo, posiblemente no tendría. En cuanto al amarillo dice Rumí: “el pan en la mesa es mera cosa sin vida pero al ser llevado dentro del cuerpo es un espíritu vivificador, es el alma la que efectua la transmutación”. Y digo esto porque  a través del color somos capaces de ver el mundo desde perspectivas muy diferentes, aunque tengo que decir que la utilización de un color u otro no está hecha de manera consciente. Pienso en la obra y el color viene asociado a la idea. Soy exigente también en eso. La mezcla de colores es como un proceso alquímico en el que cada uno de ellos deben tener la medida exacta para que el resultado final retenga la luz y la limpieza que no puede perderse nunca. Cada color tiene su regla y la mezcla de los mismos necesita un dominio de la técnica que he ido aprendiendo con la experimentación en las obras pictóricas; después interviene la visión personal que cada uno de nosotros tenemos sobre las cosas. 

Hubo tiempo para comenzar (2019). Porcelana, acrílico, alambre, lino y madera

Necesitamos ayuda y proyección por parte de las instituciones para hacer presente nuestro trabajo fuera de la región.

Tu trayectoria ha sido premiada en diversos certámenes y convocatorias, ¿cómo prevés que se desarrolle tu obra? ¿Tienes nuevos proyectos en mente o en desarrollo?

Es difícil predecir el futuro, nunca depende de uno mismo, pero sí puedo decir que seguiré trabajando como lo he hecho hasta ahora. Soy responsable pero impaciente. Me gustaría que el tiempo fuera como una goma flexible para poder estirarlo. Siempre tengo varias obras empezadas; cuando me canso de trabajar sobre alguna continúo con otra, y antes de finalizar  un proyecto se de antemano cual será el próximo. Ojalá las manos pudieran contener el mismo ritmo que el pensamiento y la imaginación. Proyectos muchos, y obra pensada y empezada también, el futuro dirá… siempre es él quien decide.

Crónicas de un mundo presente (2015). Exaduro

¿Cómo ves el panorama del arte en Extremadura? ¿Crees que, tanto artistas, como otros profesionales de este sector reciben suficiente visibilidad y reconocimiento por su trabajo?

Creo que en la actualidad se está viviendo un momento muy interesante dentro del arte en Extremadura. Necesitamos ayuda y proyección por parte de las instituciones para hacer presente nuestro trabajo fuera de la región (esto en otras comunidades no pasa, quizá tendríamos que preguntarnos el por qué). En cuanto al reconocimiento y la visibilidad en el sector, posiblemente el nepotismo camina a sus anchas en muchas ocasiones; lo incluyo a modo de reflexión sobre el planteamiento de “no todo vale”. Esto me lleva a recordar un libro de Stefan Sweig en el que se habla de la justicia, Los ojos del hermano eterno, donde se desvela que lo que consideramos justo para algunos siempre terminará siendo injusto para otros. De todos modos, debemos seguir trabajando en lo mismo, independientemente de otros factores.

Para terminar, quiero agradeceros, tanto a Beatriz Pereira como a Montaña Hurtado, la posibilidad de hacer visible mi trabajo a través de esta entrevista.

Médula del tiempo (2016). Marmolina y fibra de vidrio
Beatriz Pereira

Se encuentra finalizando sus estudios en Historia del Arte y Patrimonio Histórico Artístico en la Universidad de Extremadura. Sus tareas de investigación se centran en el arte contemporáneo y las últimas tendencias del arte español y concretamente extremeño.

2 Comments
  1. Isabel Campón

    17 abril, 2019 1:15 pm

    Gracias a Montaña y Beatriz por esta magnífica labor que estáis realizando. Gracias por permitirme no solamente la exposición de mis obras sino también una parte de mi mundo interior, de mi pensamiento, muy alejado de la gente que cree conocerme y que se encuentra muy lejos de mi realidad personal.

    • Beatriz Pereira

      17 abril, 2019 2:18 pm

      ¡Muchas gracias a ti! Un placer que hayas compartido todo esto con nosotras 💜

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