Foto: Carlos Sánchez

«El color es la belleza en estado puro»

Situada entre el informalismo y el minimalismo, la obra de Lourdes Murillo ha alcanzado casi desde sus primeras exposiciones un gran reconocimiento, dentro y fuera de Extremadura. Nacida en Badajoz, en 1964, esta artista ha mostrado sus trabajos en varias ediciones de ARCO y Foro Sur, en Art Lisboa o en Artissima.

Se considera fundamentalmente pintora y son reconocibles sus trazos enmarañados y delicados, a modo de «caligrafías» que cubren las superficies casi por completo. El color es, además, otra de sus señas de identidad. Cuida con mimo los materiales que utiliza, prestando especial atención al papel, y en ocasiones aplica el óleo directamente con sus manos… pero, a lo largo de su trayectoria, Lourdes Murillo ha sido capaz de adaptarse, guiándose por su intuición, para explorar otros medios con lo que poder expresarse y ha intervenido, con gran acierto, espacios emblemáticos como el conventual de San Benito de Alcántara. También se ha adentrado en el mundo del teatro, a través de la escenografía, y más recientemente en la joyería artística.

Para quien no te conozca, ¿podrías explicarnos brevemente algunas claves sobre tu trabajo?

Soy una pintora que cree en la belleza. Quiero hacer obras pensadas, bien realizadas y sencillas; que perduren en el tiempo. Si lo consigo o no, el mismo tiempo lo dirá.

Si hacemos un repaso por tu trayectoria vemos que eres fundamentalmente pintora, pero has tenido siempre una gran capacidad para adaptarte a nuevos retos y has llegado a realizar intervenciones, un libro de artista, la escenografía para una obra de teatro o a participar en proyectos de arquitectura. ¿Cómo te definirías como artista?

Sí, soy pintora. Así me acabo de definir. Me identifico con este noble y antiguo oficio, pero soy una pintora de mi tiempo y, por lo tanto, tengo libertad para expresarme con los medios necesarios para materializar cada idea. Además de lo que has dicho, hago obra gráfica, joyas e incluso un vídeo con música de Iluminada Pérez, Escritos sobre el agua, Trujillo 2016. Estas colaboraciones con diversos profesionales enriquecen y amplían los proyectos. Lo busco cada vez más.

¿Cuáles son tus referentes en el mundo del arte?

Mis referentes van desde los clásicos Velázquez y Zurbarán hasta Ives Klein, al que idolatro; la grandeza del color en Anish Kapoor; la ternura de Hernández Pijoan; las instalaciones de Soledad Sevilla o los dibujos imposibles de Guillermo Pérez Villalta…

Una de las señas de identidad de tu obra son las tramas que llenan por completo todo el soporte, a modo de caligrafías, pero sin código, y al mismo tiempo muestras un gran interés por la escritura. Háblanos sobre esto.

No tengo códigos para muchos comportamientos porque la intuición es una forma de relacionarse con el mundo. Respecto a la escritura, la utilizo como símbolo, no por el mensaje del texto en sí. La iconografía y la simbología me atraen tanto como el gesto.

“Azul a punto de convertirse en ángel”, “De blanco y oro” o, recientemente, “Zona rosa”. ¿Qué importancia tiene el color dentro de tu trabajo?

El color es fundamental y lo contemplo en la naturaleza constantemente. Tiene tanta riqueza de matices que nunca se acaba. Para mí es superior a la forma; es la belleza en estado puro.

A lo largo de trayectoria has realizado intervenciones en algunos espacios emblemáticos como la capilla de la Trinidad del Museo Barjola, el conventual de san Benito de Alcántara, el hospital de san Francisco en Siruela, el aljibe de los Altamirano en Trujillo… ¿cómo afrontas este tipo de proyectos?

Con respeto. Esos espacios estaban ahí antes de que yo llegara, y ahí siguen. Tienen una arquitectura muy potente y por eso intento adaptarme a ella con humildad, que mi intervención sea silenciosa.

Creo firmemente que las mujeres hemos salido de la cueva para enseñar lo que hacemos, y es imparable.

Has dicho en alguna ocasión que te interesa el arte como vivencia y en algunos de tus proyectos apelas especialmente a los sentidos del espectador, como en la intervención del conventual de san Benito de Alcántara, o en el MEIAC, donde los visitantes caminaban sobre picón que se quebraba al pisarlo. También es muy sugerente ver cómo juegas con la luz, las transparencias y que algunas de tus pinturas en las que aplicas el óleo directamente con las manos. ¿Podrías contarnos algo más sobre esto?

Pinto con las manos porque disfruto con ello. El óleo es un material sensual. Me fascinan su textura, su olor y, por supuesto, su plasticidad. Intento transmitir estas sensaciones.

En Silos de la memoria, la instalación del MEIAC, Badajoz 2003, los visitantes en un principio no se atrevían a pisar el picón del suelo porque además estaban deslumbrados por la intensa luz que se concentraba en aquel reducido espacio. Surgieron sentimientos opuestos.

En Donde habite la luz, Siruela 2002, la gente participó espontáneamente ayudando a apagar las más de cien luces que estaban colocadas en cajas sobre el suelo. Fue una reacción natural.

La luz y las sombras son dos elementos básicos para “dibujar” cuando se utilizan objetos; contienen la sutileza de la levedad.

Durante los últimos años, has incorporado a tu trabajos una participación activa por parte de los espectadores, como es el caso de la intervención en el aljibe de los Altamirano en Trujillo o recientemente en tu proyecto Zona Rosa. ¿Qué te ha llevado a hacer esto? ¿Está relacionado con tu interés por transmitir el arte como vivencia?

Yo pinto para los demás. Cualquier obra no está completa hasta que el espectador la ve. Pero es cierto que la participación activa ha ido aumentando en los últimos proyectos por una clara influencia del teatro, con el que tengo una relación cercana desde hace más de diez años. Me han atrapado la alegría y el juego como lenguajes para trasmitir emociones: la magia del teatro de los sentidos.

Volviendo a tu último proyecto “Zona Rosa”, vemos que tenía un trasfondo social y que el punto de partida está en un caso de violencia hacia la mujer. También realizaste un homenaje a las mujeres, y concretamente a tu madre, en el proyecto “Soy lo que hago con mis manos”, en el que también haces referencia a Louise Bourgeois. ¿Cómo ves la situación de las mujeres en el mundo del arte?

Con optimismo. Creo firmemente que las mujeres hemos salido de la cueva para enseñar lo que hacemos, y es imparable.

En Soy lo que hago con mis manos, Sevilla 2014, la referencia a mi madre forma parte de una larga serie sobre la memoria en la que continúo investigando. Es un trabajo personal en el que “pinto” con objetos, como en el homenaje a Miguel Hernández Me llamo barro, Alicante 2016.

¿Cómo valoras el panorama artístico en Extremadura en la actualidad? ¿Crees que hay suficiente apoyo para las artes visuales?

Todo apoyo para las artes me parece poco, como espectadora y como pintora.
Se necesita ayuda, tanto pública como privada, para llevar a cabo los proyectos artísticos.

 

Más información sobre Lourdes Murillo en www.lourdesmurillo.es