«El Museo Vostell Malpartida fue el primer contacto que recuerdo con el mundo del arte»

Abel Jaramillo nació en Badajoz en 1993 y estudió Bellas Artes en Cuenca. Interesado en un primer momento por el dibujo y el cómic, poco a poco fue encontrando su propio lenguaje y forma de producción a través de procesos híbridos en los que tiene un gran peso la poesía, el cine o la literatura para tratar cuestiones sociales e históricas  y tensiones políticas prestando especial atención a los relatos no oficiales.

Actualmente cuenta con una gran proyección dentro del panoranama nacional del arte contemporáneo pero aún no ha expuesto su trabajo de forma individual en Extremadura. En esta entrevista conocemos mejor su trabajo y su trayectoria.

Para quienes no te conozcan, ¿cómo definirías brevemente tu trabajo?

Mi trabajo tiene que ver con la exploración e investigación de procesos que alteren la forma habitual de entender un contexto. Esta lógica de trabajo, que se extiende de lo contextual, atraviesa cuestiones históricas, conflictos sociales, pequeñas narraciones o relatos en los márgenes. Cuestiones que, al fin y al cabo, presentan tensiones políticas dentro de un contexto y se proyectan en la vida cotidiana.

Tu formación transcurrió entre Castilla La Mancha, Lisboa y el País Vasco. ¿Qué hay de todos estos lugares en tu práctica artística? ¿Y de Extremadura?

Como ya he mencionado, me interesa mucho el contexto en mis procesos de trabajo. Entiendo el contexto no solo como un lugar físico y un trabajo directo con el lugar donde te encuentras, sino responder a los estímulos que un lugar y una situación te da. En este sentido yo creo que el paso por diferentes ciudades ha marcado mucho mi trabajo. En el caso de Cuenca, tenía más que ver quizá con la propia forma forma de producción, donde mi trabajo tenía más que ver con hacer con aquello de lo que dispongo y en los lugares que habito. También una forma de entender la práctica artística de un modo muy colectivo, de ahí surgieron varios proyectos como “Los poemas apolíticos son también políticos” o “Artículo 7”. El caso de Lisboa fue muy especial, fue un cambio radical en la manera de entender muchas cosas. Ahí desarrollé “Trayectos y deambulaciones” que, de alguna forma iniciaba modos de hacer que he ido desarrollando posteriormente.

Por último, en el caso de Bilbao fue precisamente una mirada a Extremadura. Cuando llegué allí, era habitual tener conversaciones con compañeros y amigos sobre algún familiar de origen extremeño que emigró allí. Esto, unido a una identidad muy marcada allí, me llevó a dirigir la mirada a Extremadura, una inquietud por entender qué era lo extremeño y de ahí surgió “No habrá lugar allí para ninguno” y posteriormente “El fin de una expedición”. En este sentido, el contexto me hizo trasladar mi interés a otro lugar diferente.

En mi caso, no estuve realmente cómodo hasta que empecé a interesarme por procesos más híbridos. En este sentido, creo que mi formación ha estado marcada más por aquello que no me interesaba que con detectar qué quería hacer. Y esto mismo es lo que me ha llevado a mi práctica artística actual, no tengo la sensación de haber decidido esto en concreto, sino que cada vez me fui sintiendo más cómodo en una forma de hacer.

Abel Jaramillo

Estás consiguiendo desarrollar una trayectoria con una muy buena proyección a nivel nacional en muy poco tiempo desde que terminaste la carrera de Bellas Artes. ¿Preparan las enseñanzas en bellas artes para desarrollar una carrera profesional en el sector? ¿Qué crees que habría que cambiar?

Yo inicié mi formación muy interesado en el dibujo y el cómic. Una vez en la facultad, me di cuenta que no me interesaba mucho casi ninguna disciplina, que no me sentía cómodo o no me identificaba. Me interesaba mucho la literatura, el cine, la poesía, la escritura… y no veía al principio un hueco o una manera de hacer coincidir estos intereses dentro de la formación artística. Creo que la enseñanza a través de disciplinas separadas no es una buena forma de aprendizaje. En mi caso, no estuve realmente cómodo hasta que empecé a interesarme por procesos más híbridos. En este sentido, creo que mi formación ha estado marcada más por aquello que no me interesaba que con detectar qué quería hacer. Y esto mismo es lo que me ha llevado a mi práctica artística actual, no tengo la sensación de haber decidido esto en concreto, sino que cada vez me fui sintiendo más cómodo en una forma de hacer.

Es difícil hacer una valoración. De forma general, hay mucho por hacer, creo que empezando por la propia estructura, el formato académico, que no responde a otros procesos necesarios que se generan fuera (entre otras cosas, esto daría para mucho). Aún así, también destacar que he tenido la suerte de encontrar grandes profesionales en mi formación con los que he aprendido y he compartido mucho.

Te interesan mucho los conflictos y tensiones políticas y la historia contada a través de relatos no hegemónicos, ¿cuál es tu criterio para seleccionar la temática de cada uno de tus proyectos? ¿Cuál es tu metodología de trabajo (das por terminado un proyecto antes de comenzar con otro o los mantienes abiertos)?

Trabajar en una lógica contextual, tiene que ver no solo con aquello que te rodea, sino con aquello que te afecta, que te preocupa, que te incomoda en un momento concreto. En este sentido trabajo de forma muy intuitiva al inicio de los proyectos. Siempre encuentro algo que me está interrogando, que me apela de alguna forma y empiezo a encontrarlo en diferentes elementos. Esto genera un interés sobre un tema o una idea y empiezo un trabajo de recopilación, de archivo. Aquí empiezo una metodología más centrada en la investigación y en identificar líneas de interés en el proyecto. Normalmente inicio un proyecto sin saber qué es exactamente lo que quiero conseguir y es el propio proceso el que va marcando el proyecto. Estos procesos suelen ser largos y siempre encuentro nuevos elementos que transforman radicalmente los planteamientos  iniciales.

Al trabajar con procesos largos, suelo compaginar más de un proyecto a la vez, También suelo dejar aperturas a los proyectos para retomarlos posteriormente porque hay cuestiones que en ellos que aún no he resuelto. Actualmente estoy desarrollando un proyecto que inicié vagamente en 2016 y que aún estoy investigando, ya que lo he ido compaginando con otros proyectos. En ocasiones una misma investigación me da pie a la siguiente, como es el caso de “No habrá lugar allí para ninguno” (2016) y “El fin de una expedición” (2017), donde pequeñas cuestiones que no llegué a desarrollar dieron pie a otra investigación completamente diferente.

En tus proyectos recurres a textos, poesía, materiales audiovisuales o fotografías del pasado. ¿Cómo se desarrolla este trabajo de documentación?

El proceso de investigación de mis proyectos es muy anárquico, no hay ninguna preferencia de materiales a encontrar, esto hace que el proyecto esté muy abierto a cualquier tipo de  formato. Paso muchas horas buscando, leyendo y explorando todo internet para encontrar materiales que me interesen. A veces (muchas veces) son muchas horas de no encontrar nada, otras encuentro un hilo del que tirar y voy encontrando elementos que me llevan a otros o que relaciono con otras historias que ya había localizado. Si bien suelo emplear una metodología parecida en todos mis proyectos, en cada caso la investigación toma una deriva diferente que hace que la forma de investigarlo sea también diferente. Aún así, creo que la poesía, el cine y la literatura son un constante en mi trabajo, porque lo son también en mi vida y es habitual encontrar referencias en aquello que hago a diario.

Que la fiesta nos pille bailando Abel Jaramillo

Como hemos dicho antes, en tus proyectos con frecuencia aparecen aspectos vinculados a lo político, también hay muchas referencias a lo doméstico, la revolución, la mudanza o la fiesta, ¿puedes decirnos por qué?

Estas cuestiones han estado (algunas aún lo están) muy ligadas a mí en algunos proyectos. La preocupación por lo doméstico, o en concreto, lo político en lo doméstico, tenía que ver con la exploración de cuestiones que me preocupaban y su relación con mi día a día. Además, con la relación entre el tiempo de trabajo y de descanso, con el uso de la casa como estudio. La idea de la mudanza, como la fiesta, estaba muy ligado a esto, a la transformación temporal, al evento que modifica y desaparece, algo intenso pero efímero. Y estaba vinculado como digo por completo a mi día a día, a continuos cambios de casa, notar que ese lugar es siempre un lugar de paso; la precariedad, la fiesta como mecanismo de escape a la rutina. En definitiva, estas referencias tienen que ver con los cambios, con explicarme cuestiones complejas con elementos y lugares que utilizo y habito a diario, con hacer en la cotidianidad.

Has tenido la oportunidad de haber sido seleccionado en bastantes residencias artísticas y becas, algunas con un gran prestigio y proyección, ¿qué te aportan a ti y cuál es para ti su importancia dentro del mundo del arte?

Para mí algunas residencias y becas han sido muy importantes, no tanto por el prestigio, sino porque me han permitido realizar proyectos que es lo que realmente me interesa. El formato de residencias por ejemplo me gusta bastante. En las que he podido realizar, he encontrado grandes amigos, he compartido y discutido muchos sobre procesos artísticos, he notado una sensación de colectividad y de afecto muy grande. En este sentido, me gusta compartir procesos y dialogar las ideas. Y esto es un poco lo que he encontrado en algunas residencias o becas, o al menos, es lo que realmente me interesa.

Otra de las cuestiones importantes para mí en ese sentido es tener tiempo y espacio para trabajar. Como ya he mencionado, trabajo en procesos largos y no siempre tengo tiempo y espacio para trabajar en ellos y este tipo de convocatorias o invitaciones me permiten desarrollar algunos proyectos.

No habrá lugar allí para ninguno Abel Jaramillo

Has participado también en ferias como Arte Santander con la Galería Aldama Fabre, donde presentaste “No habrá lugar allí para ninguno. ¿Cómo fue la aceptación de este proyecto allí? ¿cómo ves el mercado del arte y la situación de los artistas en España?

Este año pasado participé en Arte Santander y tanto la respuesta como la experiencia fue muy buena. Las ferias son un formato al que no estoy acostumbrado y bueno fue una experiencia diferente. Era interesante la interacción directa con el público, mucha gente interesada con la que tener conversaciones, que siempre es enriquecedor.

Por otro lado, no puedo dar una respuesta rotunda sobre el mercado del arte. Mi experiencia con el mercado ha sido muy escasa por lo que no puedo dar una opinión clara al respecto, estaría hablando por experiencias de otros. Respecto a la situación de los artistas: precaria, muy precaria. Igual con esta respuesta se responde también a la anterior.

En uno de tus proyectos tomas la idea de la playa de una manera metafórica para hacer referencia a un lugar prometido y a promesas incumplidas. ¿Podrías contarnos algo más?

“La Playa” fue un proyecto que desarrollé en 2016 en una exposición en el Centro Cultural Montehermoso, en Vitoria-Gasteiz. En este proyecto hablo sobre la idea de expectativa, de fracaso, de aquello que nos han contando o prometido y no se ha cumplido. Y esto lo hago a través de la idea de la playa. La playa como lugar en el que proyectamos una idea vacacional, paradisíaco, ese lugar mejor en el que quieres estar. En esa proyección se desprenden una serie de decepciones que confrontan con esa idealización, y el espacio que se crea entre ese lugar de deseo y la posición de derrota, de pérdida, es un conflicto político que me interesaba mucho. A partir de ahí el proyecto se desarrolla a través de imágenes en negativo donde dialogan objetos y elementos que recuerdan a las vacaciones, a la playa, pero también a la ruina, al fracaso… A través de objetos como sombrillas, pelotas, piscinas de plástico, césped artificial, se construyen espacios que devienen en unas vacaciones tristes, elementos que sustituyen la experiencia real de las vacaciones y que se acumulan como viejos objetos almacenados que son utilizados quince días al año. Y se acompañan con una serie de carteles que reproducen frases que generan expectativas que nunca llegan: “El día de mañana” o “Cuando tengas un futuro”.

En el año 2016 realizas varios proyectos en el colectivo Leila Landa, que creas junto a Cristina Fernández y Magdalena Planas. ¿Cuáles son los objetivos de Leila Landa? ¿Cómo se organizar el trabajo dentro de este colectivo? ¿Qué diferencias hay con respecto a tu trabajo individual? ¿Continúa activo en la actualidad?

Conocí a Cristina y Magda en Bilbao y Leila Landa fue el resultado de conversaciones y puntos afines, pero principalmente el colectivo es una gran amistad y es una forma de salirnos de nuestra práctica y negociar cosas. Y el objetivo era ese, generar un lugar desde el que trabajar juntas y desarrollar proyectos que nos implicaran de una forma diferente.

Los procesos de trabajo han sido siempre puestas en común, juntarnos a tomar un café y hablar, debatir y sacar conclusiones. Los diferentes proyectos que hemos realizado han sido resultado de estos encuentros, donde había ideas que nos interesaba desarrollar. Esta es principalmente la diferencia entre el colectivo y nuestra práctica individual, que es un lugar de encuentro y disenso, no sé exactamente qué es Leila Landa porque es siempre el punto donde nuestros intereses se encuentran o friccionan. Lo interesante del trabajo en colectivo es que el trabajo no suma, multiplica, y nos lanzamos a ideas y formas de trabajo que serían muy complicados realizar solos.
Como digo, nuestro interés ha sido siempre juntarnos para hablar sobre los proyectos, dialogar mucho y discutir ideas (hay que negociar a tres voces) y eso en la distancia se complica. Desde hace más de un año vivimos en ciudades diferentes y hacemos eventualmente reuniones vía skype y estamos muy en contacto. Pese a eso, es ahora más difícil cuadrar agendas y dedicar tiempo al proyecto como antes. Aún así, Leila Landa está activa en la medida en que estamos en contacto y mantenemos vivo este espacio de diálogo, más que en la frecuencia en que producimos proyectos. En este sentido, Leila Landa es una herramienta, es un lugar desde el que trabajar de otra forma.

En algunos de tus proyectos como “No habrá lugar allí para ninguno” o “El fin de una expedición” está muy presente Extremadura, pero todavía no has realizado ninguna exposición individual allí. ¿Está entre tus planes para el futuro próximo? ¿Hay algún lugar en el que te gustaría exponer? ¿Conoces espacios expositivos y la situación del sector del arte en Extremadura?

En mis últimos proyectos, Extremadura ha sido el vehículo para hablar de cuestiones que tienen que ver con la producción de relatos, la construcción de la historia o la especulación histórica. Han sido proyectos que además he desarrollado en Extremadura (a veces de forma intermitente). Pero como indicas, no he mostrado mi trabajo en Extremadura salvo en dos ocasiones en El Brocense (Cáceres). Quizá por mi trayectoria, he tenido más contacto con otros espacios y lugares fuera de Extremadura que me han permitido mostrar estos trabajos. Por otro lado, tampoco he tenido hasta la fecha la oportunidad de exponer estos proyectos en el contexto extremeño, me encantaría, por supuesto. Pero de momento no está en mis planes porque no ha surgido, pero claro que me gustaría.

Como lugar que me fascina, sería el Museo Vostell de Malpartida. Es un espacio muy especial y fue, además, el primer contacto que recuerdo con el arte. Sería una experiencia fascinante. Por otro lado, hay espacios y proyectos muy interesantes, no solo a nivel expositivo, y que funcionan dentro y fuera del contexto extremeño como La Fábrika de toda la vida en Los Santos de Maimona o Caniche Editorial, me parecen ejemplos de proyectos imprescindibles y que me fascinan. Mi sensación sobre la situación del sector en Extremadura es de un contexto muy disperso, donde no hay muchas redes y esto hace que los diferentes agentes no nos conozcamos.

Ha sido muy habitual conocer a otros artistas extremeños fuera de Extremadura. No hay muchas ayudas al sector, ni existe una facultad de Bellas Artes, lo que hace que la mayoría de artistas se formen, residan y trabajen fuera de Extremadura. Creo que hay mucho por hacer en este sentido y lo principal es generar contexto y generar redes y lugares de encuentro entre los diferentes agentes, ayudar a crear conexiones entre el sector, generar vías que ayuden a realizar proyectos permeables, que dejen poso, más allá de la estructura fugaz del certamen y el premio.

Más información sobre Abel Jaramillo: www.abeljaramillo.es

Fotos: Cedidas por Abel Jaramillo