«La ambición y la paciencia deben ser aliadas de esta carrera y yo intento encontrar un equilibrio entre ambas»

La evolución en el trabajo de Virginia Rivas, desde que terminó sus estudios de Bellas Artes en la Universidad de Salamanca hasta la actualidad, es más que evidente, tanto en su forma de entender la pintura como en la manera en que busca establecer la relación entre el espectador y sus obras. También ha situado la música y los recursos sonoros en una parte central de sus proyectos más recientes. Esta evolución, aunque llamativa, se ha producido de una manera natural y pausada y ha sido consecuencia de la constancia y la coherencia de la artista. Estas cualidades le han permitido, además, afrontar con decisión su trayectoria dentro del sector, cada vez más sólida.

Virginia Rivas, que recibió en dos ocasiones la beca Francisco de Zurbarán de la Junta de Extremadura, ha mostrado con frecuencia su trabajo en la región, pero también dentro y fuera de España, como la sede de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de las Nacionales Unidas en Ginebra, el Centro Cultural Anabel Segura de Alcobendas, la Pinacoteca Eduardo Úrculo de Langreo (Asturias) o más recientemente el DA2 de Salamanca.

Para quien no te conozca, ¿podrías definir brevemente tu trabajo?

Trabajo por proyectos en los que el objeto de mi estudio es la interrelación entre individuo y sociedad. Profundizo en la conducta humana a través de mis propias vivencias y en función de la investigación parto de la experiencia sensorial, emocional, analítica o experimental. Busco mostrar un discurso sociológico, plural y contemporáneo que surge desde lo más íntimo para tratar temas globales. Para ello, utilizo diversos medios: instalación, vídeo, cajas de luz y neones pero siempre he tenido fascinación por la pintura, en la que a partir de un proceso pictórico clásico investigo la forma y la materia a través de la abstracción y el gesto.

Hace unos meses fuiste a la facultad de Bellas Artes de Salamanca para hablar a los estudiantes sobre las posibilidades de vivir del arte. Se puede vivir del arte, pero ¿es fácil? ¿Qué te habría gustado que te explicaran a ti durante tus años de formación?

No es fácil ya que tener mucho trabajo no implica una estabilidad económica, lo cual puede llegar a ser frustrante. En mi caso, el ser muy ecléctica me permite vivir de ello pero en una situación precaria acompañada de una constante incertidumbre.

Somos, como dice Remedios Zafra, “Sujetos envueltos en precariedad y travestidos de un entusiasmo fingido, usado para aumentar su productividad a cambio de pagos simbólicos o de esperanza de vida pospuesta.”[1]

No se trata tanto de lo que me hubieran explicado. El problema no radica en las carencias que podemos tener para enfentarnos al mercado laboral, radica en que todavía no hay una conciencia política de valorar el trabajo artístico en términos económicos.

Si es cierto que me hubiera gustado tener un mayor contacto con artistas y gestores culturales que nos transmitieran su experiencia y nos ayudaran a entender como funciona el mundo del arte para poder valorar opciones y encauzar las expectativas. Creo que eso podría ayudar a enfrentarse al abismo que supone terminar los estudios. Y esa fue mi intención, transmitirles a los estudiantes que el esfuerzo, la perseverancia y el tesón son fundamentales para desarrollar una carrera artística, pero que al mismo tiempo hay una batalla constante por la profesionalización del sector que supone que esas cualidades puedan no ser suficientes y haya que buscar otra vía alternativa para generar ingresos sin que ello conlleve dejar de desarrollar tu trabajo artístico. Creo que mostrarles la realidad a la par que tu recorrido profesional les conduce a abandonar el mito de que el artista debe ser pobre e incomprendido y puede ayudarles a luchar por aquello que aman.

Por ello es tan importante y necesario el recién elaborado Estatuto del Artista, porque pone un marco legal a la situación de los trabajadores de la cultura. Es un primer paso importante.

Todavía no hay una conciencia política de valorar el trabajo artístico en términos económicos.

Virginia Rivas. Clásicos. CC Anabel Segura. Alcobendas. 2017
Clásicos. CC Anabel Segura. Alcobendas. 2017

Combinas la creación y las exposiciones de tus obras junto con la docencia, impartiendo clases y talleres de pintura tanto en la Universidad Popular de Hervás como en diferentes espacios de creación contemporánea tanto en Extremadura como en otras ciudades. ¿Qué te aportan ambas facetas?

Para mi la educación artística es una herramienta de transformación social del mismo modo que lo es el arte. Como docente no solo me interesa desarrollar sus habilidades y destrezas, les enseño a observar, a detenerse, a ir más allá del resultado final y me satisface pensar que estoy creando un público sensible. Como artista invito al espectador a cuestionar aquello que le rodea, a reflexionar sobre nuestra presencia en la sociedad. Quiero creer que el conjunto de estas acciones me permite llegar a la gente desde una u otra perspectiva, lo cual me hace sentir que aporto mi granito de arena al mejor funcionamiento de la sociedad, a su desarrollo y evolución.

En tus inicios, con exposiciones como Señas de identidad, tu obra era más figurativa y te inclinabas más hacia lo audiovisual, pero en la actualidad te centras más en la abstracción y en lo sonoro. También es muy llamativo el cambio en la gama de colores que utilizas. ¿Cómo se ha producido esta evolución? ¿Hacia dónde crees que se dirigirá tu obra en el futuro?

Señas de identidad es un proyecto que realicé en 2008. En estos diez años mi trabajo ha ido evolucionando conmigo y los elementos con los que trabajaba se han ido transformado. Sobre todo en lo que a figuración pictórica se refiere, aunque no descarto la posibilidad de retomar esta vía en un futuro.

El vídeo sigue siendo una herramienta vigente en mi obra. Es cierto que no está tan presente en los últimos proyectos pero sigue siendo otro de los canales que utilizo para llegar al espectador. De hecho, en estos momentos estoy desarrollando una pieza que verá la luz en breve en la que juego con la aparente quietud de una imagen en movimiento.

Pero tienes razón en que ahora mi trabajo se vertebra desde el arte sonoro. Me tiene cautivada todo lo relacionado con la acústica ambiental y estaré un tiempo indagando sobre ello y sus posibilidades de representación a través de la pintura, el vídeo, la instalación, las cajas de luz o cualquier otra herramienta que me permita reflexionar sobre el tema.

La transformación de la gama fue surgiendo al mismo tiempo que mi metamorfosis hacia la madurez. Comencé con una línea de investigación más primaria en torno a los azules oscuros, los rojos y los tierra, siempre en combinación con el negro. Se trataba de colores planos, sin gradación, con una estructura básica de composición y con una intención clara de que cada color ocupara su sitio. Era un pintura más agresiva, con un trazo más rabioso e impetuoso. Y a medida que fui creciendo, mi obra lo hizo conmigo. Cada vez necesitaba menos para contar más y eso fue dando paso a una acción más meditada y una pincelada más consciente.

En Nada Grave (2010/2012) comencé a meter mis primeros rosas y aguamarinas. Fue una incursión importante. Pero el punto de inflexión fue mi estancia en Udine, en donde descubrí una gama de grises a partir de cómo incidía la luz en la arquitectura italiana. De ahí surgió toda una paleta de tonos pastel en los que llevo trabajando estos últimos años. Hago infinidad de mezclas para hallar distintos matices que den lugar a diferentes escalas cromáticas. Es emocionante.

Virginia Rivas. Noises. Centro de Arte DA2. 2018
Noises. Centro de Arte DA2. 2018

Sobre el futuro… Estoy abierta a cualquier proceso creativo que pueda darse lugar. Mi obra es el instrumento que utlizo para plantear cuestiones que me interesan, preocupan o inquietan, un canal de expresión que también esta caracterizado por la pasión que me produce la elaboración de la pieza, el medio en sí mismo sea cual sea. Y el papel del espectador está tomando un mayor protagonismo en mi trabajo por lo que imagino que con mayor frecuencia iré realizando obras en las que su interacción sea una pauta a seguir.

En Udine descubrí una gama de grises a partir de cómo incidía la luz en la arquitectura italiana. De ahí surgió toda una paleta de tonos pastel en los que llevo trabajando estos últimos años.

Un elemento que sigue apareciendo en tu obra desde tus inicios son las cajas de luz, que según has comentado en alguna ocasión empezaron a interesarte al descubrir el trabajo de Alfredo Jaar. ¿Cómo las utilizas y qué aportan en tus trabajos?

Es un elemento que me fascina desde entonces. Tiene infinidad de posibilidades  expresivas. Puedes jugar con el formato y la disposición sin llegar a definir si es fotografía, arte digital, escultura, instalación, etc. Eso me permite trabajar con un amplio abánico de disciplinas en las que la luz es el recurso clave para desarrollar la pieza y se convierte en un medio de representación per se, que puede actuar de un modo u otro en función de la obra y el espacio. De ahí también, mi reciente interés por el neón y su inclusión en los últimos proyectos. Interés que me ha llevado a prestar mayor atención a la obra de Joseph Kosuth, Lee Jung, Jeongmoon Choi y Robert Irwin.

Paisajes distorsionados. Centro de Arte DA2. 2018

Tus últimos proyectos, como Sinestesia o Soundscape, están muy vinculados al mundo de la música e incluso has llegado a colaborar con Lúa Gramer diseñando la portada de dos de sus discos. ¿Qué importancia tiene para ti la música?

Cuando estoy en un directo de una banda que me gusta, me transporto a otro lugar. Es un momento en el que todo para: el caos, el miedo, la incertidumbre y se apodera la excitación.

La música es algo esencial en mi vida, me otorga calma en los momentos difíciles y alegría en los buenos. Es un ruido de fondo que siempre me acompaña y a partir de cierto momento comenzó a tomar un mayor protagonismo. Poner el foco de interés en la composición melódica y descontextualizar el contenido de las letras me ha permitido crear una línea de investigación muy interesante que ha dado lugar a Sinestesia (2015-2018), un proyecto que ha generado otro nuevo, con una vía de exploración en torno al sonido ambiente. De ahí mi última muestra en el Centro de Arte Contemporáneo DA2 de Salamanca, Soundscape, en la que la música pasa a un segundo plano y me centro en la acústica ambiental para determinar el paisaje sonoro en el que nos encontramos y reflexionar sobre el exceso de ruido en la sociedad.

La colaboración con Lúa Gramer resultó muy interesante ya que no solo buscaban un diseño creativo si no que les diese una seña de identidad a sus EP’s a partir de mi trabajo pictórico. Por lo que trabajamos codo con codo para hallar la fórmula perfecta en la que ambos estuvieramos representados, y eso es muy satisfactorio.

Hay ciertas cosas sin las que una persona pueda vivir, y la música para mi es una de ellas.

La música expresa lo que no se puede decir y aquello sobre lo que es imposible estar en silencio” (Victor Hugo)

En los últimos años tu trabajo se ha visto reconocido con exposiciones en lugares destacados como la sede de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual de la ONU en Suiza, el Centro Cultural Anabel Segura de Alcobendas y recientemente el Centro de Arte DA2 de Salamanca.

Si, son salas que me han permitido llevar a cabo el desarrollo de una serie de propuestas de mayor embergadura, en las que la posición pro activa del público era esencial para crear un diálogo entre el espectador, la obra y el espacio, tres ejes fundamentales de mi trabajo.

Junto con la realizada en la Pinacoteca Eduardo Úrculo de Langreo en 2016, gracias al premio ART NALON, han sido una serie de exposiciones que me han dado mucha visibilidad y me han abierto nuevos caminos. Estoy realmente contenta de cómo se van sucendiendo las cosas. La ambición y la paciencia deben ser aliados de esta carrera y yo intento encontrar un equilibrio entre ambas.

Hay ciertas cosas sin las que una persona pueda vivir, y la música para mi es una de ellas.

En Extremadura también participas con frecuencia en exposiciones. ¿Cuáles son tus próximos proyectos aquí? ¿Crees que se valoran lo suficiente las artes visuales?

Hasta el 15 de julio tengo una muestra en el Museo Pérez Comendador-Leroux de Hervás en la que se encuentra la serie pictórica Pintando músicas, escuchando cuadros. Y en septiembre, en concreto el 13, inauguro en la Sala de Arte El Brocense de Cáceres el proyecto interdisciplinar Mapa Sonoro, comisariado por Julio C. Vázquez. Hacía tres años que no mostraba mi trabajo de forma individual en Extremadura, así que son dos exposiciones que me hacen especial ilusión.

Creo que se está retomando el interés por las artes visuales. Un gesto que ha de convertirse en una intención clara de querer apostar por la profesionalización del sector, la gestión de las buenas prácticas y la colaboración con otras regiones con el fin de situar a Extremadura en el itinerario de la escena artística contemporánea, ya que tiene un magnífico elenco de artistas, gestores e instituciones. Es cuestión de ponerlo en valor.

Con este fin hemos creado AVAEX Artistas Visuales y Asociados de Extremadura, asociación sin ánimo de lucro de la que soy vocal y socia fundadora. Buscamos defender y mejorar la condición social, profesional y cultural de todos aquellos vinculados con las artes visuales en la región, además de poder incidir en las políticas culturales para favorecer la racionalidad y la transparencia en la gestión de los recursos. Tarea a la que ya se van uniendo más compañeros de profesión, lo cual me alegra mucho. Es importante crear equipo.

Virginia Rivas. Cuaderno de bocetos. 2016
Cuaderno de bocetos. 2016

Formas parte de la asociación de mujeres artistas “Blanco, negro y magenta” y participas activamente en sus exposiciones. ¿Cómo es la situación de la mujer en el mundo del arte? ¿Qué representa para ti ser mujer dentro de este sector?

La situación es alarmante pero esperanzadora ya que comienza a haber una voluntad porque haya paridad en ferias, museos, certámenes, etc., pero la brecha sigue siendo enorme a día de hoy.

Según el MAV Mujeres en las Artes Visuales, la presencia de las mujeres en el arte no supera el 25%, y si hablamos de las artistas españolas no llega al 5%. Clara Peeters fue la primera en tener una individual en el Museo del Prado y eso sucedió en 2016. Y en los libros de Historia del Arte no existimos. Estamos hablando de siglos de invisibilización del trabajo artístico realizado por mujeres. Y eso es, como digo, alarmante.

Cuando hablo de esperanza, es porque la unión que está sucendiendo entre nosotras nos está haciendo encarar la situación sin tener que pedir disculpas por buscar igualdad, respeto y por reclamar los derechos fundamentales que todo ser humano ha de tener. Esa búsqueda nos está haciendo más fuertes, presentes y visibles.

Proyectos como el de Diana Larrea, Tal día como hoy, en el que durante un año ha mostrado a través de Facebook el trabajo de 365 mujeres artistas; performances como la de Maria Gimeno, Queridas Viejas, en la que revindica el lugar de la mujer acuchillando La Historia del Arte de Gombrich y la de Verónica Ruth Frías, I am a woman, en la que llama a las artistas a ocupar su lugar a través de esloganes y tatuajes; y los realizados por nosotras, las magentas, como Mujeres ENCARCELADAS entre otras muchas, comisariado por Concha Mayordomo, en el que hacemos un homenaje a todas aquellas mujeres que por su inconformismo y rebeldía fueron privadas de libertad, hacen ver que hubo, que hay y que habrá un trabajo femenino que debe ser visibilizado, respetado y tenido en cuenta. Pero claro, hablamos de un problema social en el que la mujer se encuentra en desventaja, solo basta citar la brecha salarial, el lenguaje sexista, la escasa ocupación en cargos de poder y un largo etcetera, por no hablar de violencia de género que daría para otra entrevista. Cuando en una sociedad hay gente que se pregunta qué habrá hecho la víctima para que la violen o la maten, tenemos que cuestionarnos cuál es el mensaje que estamos dando en las escuelas, los medios y entornos familiares para que alguien crea que la culpa es de ella. Por lo que nos queda una larga e intensa lucha.

Respondiendo a tu segunda pregunta, representa una dificultad implícita al enfrentarte al mercado laboral, añadido a una profesión que depende de muchos agentes externos para afianzar la estabilidad y alcanzar el reconocimiento, que no el éxito. Yo, como mujer, artista y feminista, he tenido la fortuna de trabajar con magníficas personas y de toparme con profesionales increíbles para los que estas características no han supuesto un condicionante. Sí me he tropezado puntualmente con ciertos comentarios que por miedo a crear una situación incómoda he tolerado con una sonrisa forzada, algo que a día de hoy ya no hago. Es lo que tiene ponerse las gafas violetas, que ves cosas que antes no veías.

[1] ZAFRA, Remedios. El entusiasmo. Precariedad y trabajo creativo en la era digital. Anagrama. 2017.

 

Más información sobre Virginia Rivas www.virginiarivas.es